“Hoy hice”. Pensarme esas palabras luego de hacer algo que tenía ganas de concretar, para lo cual me preparé y arriesgué, me dieron una alegría y contención propia, humilde y potente.
Propia porque me declaro generadora de todo lo que me sucede: Yo soy de esta manera por las decisiones que tomé hasta la actualidad. “Hoy hice” es un cariño a mi autoestima.
“Hoy hice” es humildad. Tierra firme: no sirve de nada taladrarme el cerebro con improperios antiguos o preocupaciones del mañana. “Hoy hice” no es enteramente “aquí y ahora” pero es “hoy”. Este día. Estas 24 horas. Reciente. Fresco. Pasado poco lejano. Presente: casi actual. Futuro: indefinido. Yo: sonriente, con motivos o sin motivos. Porque sí. O porque “Hoy hice” es tangible. “Hoy hice” es sudor que se está secando en mi espalda y entre mis tetas.
“Hoy hice”: pelusas en la ropa, miradas cómplices. Yo pongo el cuerpo, ellos ponen las observaciones que no puedo capturar en movimiento. Todo a su tiempo: es difícil aprender a ver. Es difícil aprender a caminar. Es difícil. Nos olvidamos de esto. Y no hay razón para el martirio: lo divertido del proceso es caerse y mirar para abajo. Esto hace que sea más interesante cuando uno se levanta y mira... para arriba, para adelante. A otros ojos.
No voy a perdonarme, sino amigarme con lo que apodamos “obstáculos” pero llamaría “retazos de nosotros que son manipulables”.
Este texto nació a partir de las palabras que estoy repitiendo desde que aparecieron en mi sacudida y ablandada cabeza: “Hoy hice”, la frase que otorgó agradables sensaciones, en un mar de ideas comprometidas como los supuestos: “Yo puedo y lo haré”. Escucho mucho el “puedo”, como una palabra positiva y alentadora, pero es una ilusión. Díganme insegura, cínica, encabronada. Esto es lo que opino ahora: últimamente, lo conciso y afilado es lo que me ayuda a entender todo lo propio y lo de otros, también. “¿Yo puedo?” Tal vez pueda. Puedo hacer muchas cosas. Puedo ser exitosa, o tropezarme y quebrarme todos los huesos. Ambas de estas fantasías tienen la misma fuerza. Si en este momento de mi vida no termino de comprender el patrón de mi voluntad o confianza conmigo misma o mis alrededores y asumo que la incertidumbre es un arma de doble filo: ¿qué puedo afirmarme en este terreno asombroso e inestable?
Las afirmaciones que encuentro saludables son:
“Yo elijo. Yo hago. Yo hice”. En algún momento “Yo quiero” figuraba primera en esta lista, pero crealo o no, tampoco confío en los deseos. A veces uno piensa que quiere algo y en realidad quiere otra cosa. No es fácil poner en palabras lo que uno supone: el deseo no se puede tocar. Es después de que metimos las manos en el barro que sabemos que están manchadas. Tal vez uno miraba ese barro pensando que era helado de chocolate. Con “Yo elijo. Yo hago. Yo hice.” me hago responsable de todas mis acciones. Me permito el riesgo y la lucidez, ubicándome en un lugar que es concreto y perceptible.
Imaginar es maravilloso. Hacer es registrar: elegir qué partes del imaginario quiero bajar a lo físico. Y eso, es igual de (o más) maravilloso.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario