Me pidieron que en mí busque un defecto.
Pensé inmediatamente en mi panza.
Mi panza fue conflicto en el pasado.
Pero es eso: fue.
Antes, fantaseaba con cortarme los cachos de carne
Grasa
de mi entrecuerpo.
Hoy, digo con orgullo
que en ella:
Tengo la mejor almohada del condado
entre respiraciones
subeybajas
mi panza es descanso de mis amantes,
fábrica de calor,
centro de mi equilibrio.
No tengo nada en contra de mi panza,
pero ¿qué de mí me aflige?
Aprendí
a través de la obligación, la razón
o el porque sí
a amar cada parte que soy.
Toda materia que me define
está ahí
por un propósito
que es hacerme
estarme
crearme.
Agradezco todo lo que significo.
Menos una parte.
Mis pelos.
A algunos los quiero, pero no a todos los ellos.
En algún (algunos) momento(s) de mi vida, entró a mi gracia el chip minúsculo y peligroso de la sociedad
Que todo el tiempo me recuerda
me quiere hacer creer
entre otras falacias
que el cuerpo que se valora
es el flaco, tonificado.
Que sin una sonrisa,
no voy a triunfar
nunca
porque esa expresión es la más agradable
en mí
¡Mujer!
Debo comprobar cuánto me amo
ajustando mi totalidad a la norma
¡Porque ese estándar es el que importa!
¡Ese estándar es el que se quiere!
¡Todo lo demás es descuido!
Pereza, rebeldía,
¡Digno de ser expulsado!
Hablamos, invertimos
momentos, plata, momentos
en el exterminio de pelos.
Vemos en las noticias
exterminios de mujeres.
Y publicidades de Veet,
Venus, Gillette.
Las diosas postizas.
Yo me amigué con mis carnes
porque entiendo que no puedo vivir sin ellas...
¡Pero sin mis pelos sí!
Células muertas,
hilos, ¡cables sin sentido!
Porque los pelos son asquerosos.
La gente suave es la querida.
Aún así, celebramos un pelo largo y cuidado en la cabeza
pero no
en la cercanía de los genitales
mi culo
O mi panza.
Sí: hoy amo a mi panza, pero no sus pelos.
Hoy quiero coger
pero sin mis pelos.
No me molestan en mi cabeza, en mis brazos ni en mis piernas
pero los pelos que se acercan a mi sexo:
¡Quiero fusilarlos!
Elijo ronchas en mi piel sensible
a esos pelos,
¡Lo elijo!
¡Prefiero acercar un filo
a mi rosada vagina
a tener pelos!
A veces, distraída,
me corto las ranuras de mi voraz ano
y sangro
¡Porque no quiero los pelos!
¡Pero sí quiero sufrir!
¡Que me corten!
¡Que me enceren!
¡Que me arranquen!
¡Que me maten! ¡A mí y esos malditos pelos!
Lo más temible
es que más de una vez,
al acercarme la rasuradora a la piel,
pensé "si algún día me encuentran muerta,
espero que mi panza esté depilada.
Por favor."