Estoy perdiendo el miedo
y eso me da miedo.
Ahora que veo la piel de serpiente despegándose,
puedo hacer distancia y entender que era
una capa de invisibilidad ante mis problemas.
El miedo paralizaba la aventura,
invitandome a refugiarme en una cueva
cálida y segura como rimar en una poesía.
El miedo: correa en un perro para que no se escape.
¿A dónde quiere ir el perro? No sabe hasta que lo liberan.
Deshacerme del miedo me cansa,
me agita, me aturde por todas partes.
Antes el miedo era el huracán,
ahora soy el huracán.
Creo que el miedo es quedarme así para siempre.
Vulnerable e invencible.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario