viernes, 5 de junio de 2015

Perfo: Sangre Derramada.

Registro de la primera performance de mi autoría que efectué el 3/06/2015 en la concentración "Ni Una Menos" en el Congreso de la Nación Argentina.

Preámbulo.
Mi sangre menstrual me ha fascinado desde el momento en el cual me encontré con ella.
Siempre que menstrúo, juego y me asombro con las formas que produce ese líquido que sale de mí: representativo de ciclos, juventud y mortalidad.
En agua y toallas, me sorprendo con orgánicos tests de Rorschach.
Así como la menstruación me acompaña, mi relación con ese mismo proceso es complejo.
Desde que me enseñaron que es lo esperable o deseable en un cuerpo con útero, también me enseñaron que es algo que debe ser ocultado, o considerado asqueroso. En las publicidades, la menstruación es un líquido azul fantasía. En la vida real, para ir al baño, he escondido tampones y toallitas en bolsillos o carteras. ¿Para qué? ¿Por qué no explicitamos lo que sucede?

¿Qué estamos construyendo?

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No puedo no pensar en los cuerpos. Los veo todos los días. Me encanta observarlos e imaginar qué hábitos los constituyen. ¿Qué hace ese cuerpo? ¿Qué provoca placer en él? ¿Qué partes crispan cuando siente miedo? ¿Cómo será desnudo?

Antes de desnudarme yo, recuerdo que vivo en una sociedad donde todo lo que me inspira curiosidad es tabú: la sangre. Los cuerpos. La desnudez. La exposición. La decisión. El deseo. El deseo es tabú.

En esta sociedad que una mujer decida enorgullecerse por su sangre y su cuerpo desnudo es tabú.
El patriarcado dice que esa mujer no se respeta.
El patriarcado condena al deseo femenino ("¡A Melina le encantaban los boliches!") con femicidio.

A mí también me encantan los boliches.
Me gusta mover este cuerpo.
Me gusta exponerlo y gritarle al mundo que me muevo y giro con él.
Me encanta cuando me chorrea sangre por la pierna.

Que los cuerpos vivan.
Que la sangre derramada sea la menstrual.

No de las pibas
que antes bailaban conmigo.



Preparación.
Mientras se acercaba la fecha de la concentración, pensaba la curiosa casualidad de que estaba menstruando. Conociendo mi antigua afición por la menstruación y los eventos recientes pero antiguos también, esta idea apareció en mi cabeza: ¿Por qué es tan corriente la noticia del asesinato de mujeres pero no el empoderamiento de sus cuerpos? ¿Por qué la sociedad purga mujeres y no lo innecesario? ¿Qué es lo desechable? ¿La sangre o la mujer?

En mi cabeza, aparecieron varias frases. Hablé con amigxs, artistxs. Gente colorida con la cual tuve el placer de cruzarme en la vida, y en la cuál confío: Paula Naanim, Amy Pellegrini, Karen Bennett, Rafa te Violento, Lisandro Berenguer y mi madre, Evangelina D'Andrea. Lxs agradezco con intensidad eterna por todo (no estoy hablando solamente de "Sangre Derramada").

El día de la concentración fui a comprar todo el material que necesitaba: cartulina, fibrón y una bombacha blanca para que se vea mi sangre. Admito que me preocupé porque estaba en el día 4 de mi ciclo, por ende mi flujo era leve. Sin embargo, recordé que la acción era lo importante y no la cantidad. Me puse la bombacha. Al rato, bajó sangre y con ella pinté mi cartel, con la frase elegida: "¿Esta es la sangre que te molesta?".
Foto de Claudio Santisteban

Congreso.
Vestida con borcegos, una pollera y una bolsa de consorcio, me acerqué al Congreso. En el trayecto, me empezaron a temblar las piernas porque no comprendía la cantidad de gente que estaba caminando en la misma dirección que yo. Fue esa sensación que se siente en pocos y especiales momentos: "algo está pasando".

En la multitud encontré a mi amiga Victoria Cortón. Juntas, caminamos entre el calor humano, en búsqueda de la Marcha de las Putas, que para mí es como un pequeño hogar. Donde están las putas, quiero estar yo. En el mar de personas, vi al logo rojo en la esquina de Entre Rios y Rivadavia. Tardamos en llegar.

Fue una de esas únicas veces en las cuales no me molestó llegar tarde.

Ya en casa, me saqué la pollera y saqué mi cartel.

Mi madre, antes de la concentración, expresó su preocupación por mi bienestar, pero no me pasó nada desagradable. Tal vez recibí alguna mirada desconcertada, pero no me molesté por esas turbaciones: yo sabía que estaba diciendo. Sostenía un cartel con una pregunta. El resto del trabajo no era mío, sino del espectador.

Me sacaron fotos, me hicieron preguntas.
Sonreí, lloré y abracé.
Fue un día muy conmovedor.

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